Universidad de Antioquia

U.de.A


2. La Constitución de Cúcuta


El Congreso de Cúcuta había sido elegido por medio de un sufragio restringido que excluía de la votación a la mayoría de los habitantes, lo cual no dejaba de ser lo normal durante el período. Más aún, se habían eliminado restricciones en beneficio del voto de los soldados del ejército revolucionario, lo cual determinó que la elección fuera inusualmente democrática para la época. En el momento de la elección del congreso, sin embargo, la mayoría del territorio venezolano, incluida la ciudad de Caracas, y casi todo el Ecuador estaban todavía bajo el dominio realista y por lo tanto sus habitantes no participaron en la votación. En todo caso, los diputados mostraron pocos escrúpulos a la hora de ratificar el acta de unión de 1919, lo cual no fue obstáculo para que reviviera en el congreso constituyente el debate entre federalistas y centralistas, tan común durante los anteriores regímenes republicanos tanto en Venezuela como en la Nueva Granada. La complejidad del asunto aumentó puesto que el territorio a centralizar o federalizar era ahora mucho más extenso.

Los diputados venezolanos apoyaron en términos generales la alternativa centralista, pues insistían en que el fracaso de las anteriores experiencias federalistas que habían llevado a la anarquía bastaban para prevenir un nuevo desastre. Los jóvenes liberales de la Nueva Granada, quienes empezaban a alinearse con Santander, en aquel momento vicepresidente especial en la Nueva Granada bajo el esquema provisional adoptado en Angostura, eran en su mayoría centralistas; a pesar del atractivo teórico de la alternativa federalista, ellos vislumbraban la ventaja táctica que constituiría apoyar a Bolívar, con miras a ocupar puestos importantes en una posible república unitaria. Finalmente, el simple beneficio práctico que representaba un gobierno unificado para culminar la lucha contra España llevó al Congreso Constituyente a adoptar una Constitución rígidamente centralista. Bolívar creía que Colombia podía ser gobernada sólo a través de un poder central absoluto y rechazaba los argumentos de los que pretendían hacerla federal. Era una constitución conservadora: favorecía al presidente frente a la legislatura y restringía el derecho de voto a los que supieran leer y escribir que tuvieran además bienes raíces valorados en cien pesos, y determinaba que no sólo el presidente, sino también el Congreso, deberían ser elegidos indirectamente por un sistema de asambleas electorales. Al menos durante diecinueve años no se impondría la prueba del alfabetismo para otorgar el derecho al voto. Ser analfabeto en 1821 era considerado como un infortunado legado de la opresión española y por lo tanto no debía penalizarse.

A pesar de la regulación del sistema electoral que impuso en la Constitución, el mismo congreso constituyente eligió a los primeros presidente y vicepresidente con el fin de que el nuevo régimen entrara en vigencia inmediatamente. La elección de Bolívar como presidente fue automática; y como él era venezolano, se decidió que el vicepresidente debía ser neogranadino. Los dos candidatos obvios eran Santander y Nariño. Luego de varias votaciones, Santander fue elegido, aunque con cierto recelo, pues su ascenso se consideraba muy reciente y no llegaba a los treinta años de edad.

El Congreso de Cúcuta promulgó varias reformas básicas que no podían aplazarse. Se trataba de reformas predominantemente liberales, pues la mayoría de los diputados se alineaba al lado del credo del liberalismo decimonónico, que buscaba ampliar la esfera de la libertad individual en asuntos políticos, económicos y religiosos, así como limitar el poder de la Iglesia tradicional y del Estado. El primer decreto del Congreso fue la ley de manumisión, que en lo esencial era una ley de libertad de vientres. Al igual que la ley antioqueña de 1814, a partir de la cual fue diseñada, la nueva legislación determinaba que todos los recién nacidos de madres esclavas serían libres al alcanzar una edad especifica.

El Congreso reafirmó la liquidación de los resguardos, que ya habían decretado algunas de las provincias de la Nueva Granada. También como parte del esfuerzo por reformar el sistema fiscal colonial, eliminó la alcabala o impuesto a las ventas y reiteró la abolición del tributo de indios, que había sido reimplantado durante la reconquista española. En lugar del tributo, declaró a los indígenas ciudadanos iguales en derecho, obligándolos a pagar los demás impuestos de los que antes estaban exentos. El sistema de aduanas se simplificó y se establecieron aranceles moderados, diseñados para producir ingresos y no para proteger a los productos nacionales. Si bien las obligaciones eran ahora más bajas que antes, su totalidad se pagaba ahora en los puertos suramericanos, lo cual aumentaba el ingreso local, ya que anteriormente una parte de ellas se desembolsaban en España.

Otra de las reformas, de impacto tanto económico como religioso, hecha por los dirigentes políticos de la nueva nación fue la liquidación de monasterios que tuvieran menos de ocho residentes y la confiscación de sus bienes. Pero las órdenes religiosas contaban con gran apoyo de las clases populares, y por esa razón, así como por un genuino interés por promover la educación, las propiedades embargadas a los monasterios fueron destinadas a dotar las escuelas secundarias de todo el país. Otra ley que afectó a la Iglesia fue la abolición de la Inquisición. De igual manera, se eliminaron todas las formas de censura previa que antes se aplicaban a publicaciones religiosas o de otro orden, con excepción de las ediciones de la Biblia.

Aunque el espíritu de las reformas era claramente liberal, el Congreso de Cúcuta no eliminó el monopolio del tabaco, pues el gobierno necesitaba los ingresos que éste producía. De igual manera, la legislación sobre la esclavitud, no liberó a los esclavos nacidos antes de las reformas, y aunque desapareció la Inquisición, ello no trajo como consecuencia la tolerancia religiosa.


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